INTERNATIONAL

EL TERRORISMO INTERNACIONAL: UNA LACRA MUNDIAL

«No hay ideal más elevado que el derecho a la vida y a la libertad»

Jesús Fraga Cid

El terrorismo no tiene fronteras, convirtiéndose actualmente en una de las mayores lacras sociales y que más preocupación causan entre la población mundial de este planeta. En mente tenemos los atroces y aterradores atentados acaecidos en EE.UU. y más recientemente en Madrid, Londres y París. Imágenes realmente escalofriantes que han dado una y otra vez la vuelta al mundo a través de todos los medios de comunicación. Unos atentados que han causado una profunda conmoción, rabia e indignación entre toda la gente civilizada de la Tierra. Uno, por más que lo intenta, no acaba de acostumbrarse, asimilar y permanecer indiferente ante tales hechos, aunque nos resulte algo ajeno a nosotros. Nadie debe sentirse indiferente ante tales hechos porque si lo hiciésemos estaríamos perdiendo un grado de humanidad, de sensibilidad y solidaridad por toda esa gente. No es muy difícil sentir empatía por la desgracia ajena. Creo que sentirla es una experiencia peculiarmente humana, es un rasgo de nuestra inteligencia emocional que en la gran mayoría de los casos es necesaria para comprender lo que siente nuestro prójimo. Debido a esa empatía, la respuesta de la ciudadanía en España fue clamorosa para solidarizarse con los familiares de las víctimas y para protestar contra toda esta barbarie y sin razón. No debía ser menos y máxime cuando nosotros llevamos luchando por algunos derechos que se nos fueron arrebatados ilegítimamente, en cierta manera,  de golpe, como son el derecho a la vida, la libertad de expresión y a la paz debido a los atentados de la organización E.T.A., quienes han sembrado el terror y la barbaridad por allí por donde atentaron. Sin embargo, todo el consuelo que puedan recibir los familiares de esas innumerables víctimas no será suficiente. Necesitarán años y años para asimilar lo ocurrido y mucha ayuda y apoyo psicológico por parte de la sociedad.

Vivimos en un mundo “desquiciado” en el que prodigan las grandes injusticias, como las guerras, el terrorismo, el hambre y pobreza por el mal reparto de la riqueza, la corrupción, etcétera. En un mundo en el que estamos perdiendo el respeto a determinados valores morales y éticos, como son el amor, la paz, la justicia, la solidaridad, la compasión, etcétera. Vivimos en un planeta en que se ha violado los principios y valores más imprescindibles y fundamentales que ostenta cualquier ser vivo. Entre esos valores está el derecho a la vida de cualquier persona por encima de cualquier tipo de interés y fin.

Sin desviarme del asunto principal que estoy abordando, que es el terrorismo, es preciso decir que tuvo ocurrir una tragedia de dimensiones desproporcionadas como la que ocurrió el 11 de septiembre en EE.UU. para que los máximos dirigentes de todos los países del mundo empezaran a tomar medidas para solucionar el grave problema del terrorismo, es decir, empiezan a tomar medidas después de sus terribles consecuencias, cuando lo más importante es tratar de prevenir dichos sucesos antes de que se produzcan. No basta con una declaración de buenas intenciones y correctos modales, la mayoría en mi opinión con una connotación partidista y propagandista, sino que tienen que tomar decisiones y medidas contundentes, rígidas y duras de modo que se pueda establecer un sólido, meticuloso y implacable plan de actuación entre todos los países y se deben utilizar todos los recursos disponibles para atajar esta lacra que cada vez esta causando más dolor y consternación a aquellas personas que lo sufren de primera mano. El problema estriba en que vivimos en un mundo “contaminado”, con políticos “contaminados” y cuyas intenciones y sentimientos están “contaminados”. No entiendo como están tan injustamente establecidos los “sistemas de gobernar”. Es verdad que estoy en contra del “sistema” que rige de manera mecánica, fría e inhumana nuestro planeta, un sistema del que todos somos culpables de su funcionamiento, sin responsabilizar única y exclusivamente a los políticos. Digo eso, porque pienso que para cambiar los “pilares” tan defectuosamente implantados en cuanto a la forma de gobernar, todos debemos ser partícipes y colaborar con nuestro granito de arena para que este mundo sea un lugar mejor en donde vivir, de modo que este lugar no se convierta en lo más parecido a un  “valle de lágrimas” o a un “drama humano compartido” en el que tenemos una actitud resignada y de aceptación de todo el mal e injusticias que existen. Debemos ser desafiantes y luchadores por las causas justas. No entiendo para que se han creado organismos internacionales como la O.T.A.N. y la O.N.U. (este último promulgando infructuosamente la tan famosa Declaración Universal de Derechos Humanos) que no han tenido la suficiente competencia y compromiso de solucionar y apaciguar la mayoría de las injusticias que asolan nuestro planeta, entre ellas el terrorismo. Sigue habiendo demasiado permisividad, “libre albedrío” y trato de favor con algunos países, sobre todo a EE.UU., que se saltan “a la torera” resoluciones y acuerdos internacionales promulgadas por dichos organismos. Estas organizaciones gubernamentales deberían desempeñar un papel más activo, más comprometido y decidido por todas esas causas y no delegar o relegar su responsabilidad y funciones a unos pocos países que se quieren hacer pasar por los dueños del mundo de una manera prepotente, arrogante e imperialista. El derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York, el emblema más representativo de EE.UU. (junto con la Estatua de la Libertad), las cuales simbolizaban el capitalismo e imperialismo comercial y financiero de EE.UU. en todo el mundo y uno de los mayores orgullos del americanismo, ensalzado con su patriotismo déspota y fogoso, fue fruto de su irracional, irresponsable y prepotente política de gobernar exterior. Dicha política consistía en la intromisión deliberada e ilegítima en conflictos armados entre otros países, metiéndose y provocando guerras entre aquellas naciones mucho más vulnerables militar y económicamente, haciendo de juez y mediador en guerras que deberían ser resueltas por organismos como la O.N.U. y la O.T.A.N., los cuales deberían jugar un papel mucho más decisivo y resolutivo. Su política imperialista, reflejado en ese avasallamiento sobre países mucho más débiles y vulnerables con el banal e infundado pretexto de mediar y solucionar dichos conflictos, no hizo más que generar más inseguridad e injusticia en el mundo, al mismo tiempo que sembrar un profundo rencor, odio y sentimiento de “antiamericanismo” en casi todo el mundo. El hecho de querer ser epicentro del mundo le ha salido muy caro.

Quiero mencionar una cosa relevante y es que el propósito final de este artículo no es hacer una crítica destructiva en contra de los EE.UU., más bien quiero que sea constructiva, al fin y al cabo yo me identifico acérrimamente con su cultura por tener raíces anglosajonas y hispánicas (me refiero a las numerosas colonias que tuvo en la costa oeste), sin que ello signifique el que esté de acuerdo con su política de gobernar. Es ahí donde radica el problema de Estados Unidos. Siendo el país más poderoso del mundo en casi todos los aspectos, sobre todo en los aspectos político, militar, económico, científico y tecnológico, deberían ser un  modelo a seguir por todos los demás países, tratando de gobernar con justicia, equidad, raciocinio y con sentido de la moralidad.

Hay muchas cosas que no entiendo porque tienen que suceder, entre esas cosas está la guerra bélica que existe ya desde hace varias décadas atrás en Oriente Medio. Estamos totalmente hartos de ver por los informativos noticias e imágenes sobre algún atentado en Israel o Palestina. Todos esos atentados terroristas que cuestan la vida de miles de personas cada año son repudiantes, execrables y brutales. Tales hechos constituyen, sin ningún género de dudas, verdaderos crímenes contra la humanidad, que no tienen justificación posible y máxime cuando se trata de apagar la vida de una persona. El derecho a la vida es el mayor don que Dios nos ha concedido y no somos nosotros nadie para decidir cuál es el destino de nuestro prójimo de esa manera tan horrenda. El terrorismo es una de las peores y más miserables expresiones de la condición humana. Es un acto de salvajismo e inhumanidad que no se debería tolerar en ningún momento, ni en ningún lugar, ni por ningún motivo y fin. La pasividad, incompetencia e ineptitud de estos organismos internacionales ya mencionados anteriormente a la hora de gestionar y solucionar esta lucha armada en Oriente Medio ha quedado más que patente. La invasión ilegítima por parte de los israelíes de territorios palestinos ha desencadenado en un conflicto bélico que no acaba de terminar (especial brutalidad tienen los atentados terroristas cometidos por la intifada palestina en los territorios de Cisjordania y en la franja de Gaza invadidos por los israelíes). Un conflicto que la propia diplomacia internacional no es capaz de encontrar una solución pacífica y dialogante. Se ha derramado mucha sangre de gente inocente debido, sobre todo, a la gran cantidad de atentados terroristas. Si al problema de Oriente Medio le sumamos la guerra de Irak (y sobre todo posguerra, la cual ha generado más terrorismo e inseguridad si cabe) y otros conflictos armados que existen por todo el mundo, como el conflicto bélico abierto en Afganistán, Egipto y Siria, el panorama mundial, a  la hora de buscar la paz mundial es bastante desesperanzador e inquietante.

Después del “shock” mundial sufrido a causa de los atentados terroristas suicidas islamistas de Al Quaeda contra EE.UU.(en el inconsciente colectivo quedarán grabadas las duras imágenes de los atentados terroristas contra las Torres Gemelas de Nueva York), los cuales hicieron tambalear a casi todas las democracias, poniendo en alerta máxima a todos los dirigentes de casi todos los países del mundo, al mismo tiempo que se celebraron súbitamente manifestaciones en casi todos los rincones del planeta en acto de repulsa ante dichos atentados, el clima político mundial sigue siendo hoy en día muy tenso y distanciado, debido sobre todo a la explosión de la guerra de Irak y su actual postguerra. Digo clima tenso y distanciado porque en el mundo se había formado dos grandes coaliciones que acabarían enfrentadas: una la formaban los países que estaban a favor de la invasión y guerra contra Irak y en la que se encontraba como principales abanderados EE.UU., Reino Unido, Italia y, por desgracia, España (digo desgracia por las graves consecuencias que deparó su intromisión irresponsable y arrogante en la guerra, en contra del clamor popular que gritaba a gritos su no participación en dicha guerra, la cual sería el detonante del atentado terrorista del 11-M); y la otra coalición lo componían los países que estaban en contra de la más que cuestionada guerra, entre ellos Alemania, Francia y Rusia. El pretexto para la invasión de Irak fue el incumplimiento de varias resoluciones de Naciones Unidas por parte de este país y en la que se sospechaba, sobre todo la C.I.A., que había más que meros indicios de que Irak pudiese tener las tan abominables armas de destrucción masiva. Después de enviar la O.N.U. a varios inspectores, uno de los cuales se suicidó en extrañas circunstancias, así como a varios agentes del servicio de inteligencia americanos a investigar e infiltrarse ocultamente el país, no encontraron ni por asomo indicios que los iraquíes tuviesen las tan controvertidas armas de destrucción masiva. El tiempo acabó, entonces, dando la razón a los países y ciudadanos que defendían a capa y espada la paz, al demostrase que la decisión inmadura, irresponsable y prepotente de invadir Irak no estaba respaldada y motivada con argumentos y pruebas de cierta consistencia, credibilidad y coherencia, sino que dichos argumentos se basaban en meras especulaciones y conjeturas que no hacían más que poner en entredicho la legitimidad y credibilidad de dicha decisión precipitada e irracional de provocar una guerra en Irak. Las consecuencias de la guerra fueron desastrosas, pero más lo está siendo la posguerra por los frecuentes atentados terroristas suicidas que tienen lugar, causando muchas víctimas, sobre todo civiles (especial virulencia tienen los atentados terroristas suicidas perpetrados la insurgencia iraquí). Las imágenes que muestran los telediarios gracias a sus corresponsales son verdaderamente dramáticas y espantosas. No hay palabras para definirlo. Son verdaderos crímenes contra la integridad humana. Por si fuera poco, este conflicto está influyendo determinantemente en la economía mundial (no hace falta decir que la guerra de Irak y los atentados terroristas contra las Torres Gemelas de Nueva York provocaron un importante descalabro de las bolsas de casi todo el mundo, sobre todo de Wall Street), sobre todo en la subida del petróleo. ¡Qué maldito es el término “petróleo”! ¡Cómo es posible que estos  fanáticos políticos puedan cegarse tanto por las ansias de poder, por el amor al dinero! ¡Cómo es posible que corra tanta sangre de gente inocente por el endiablado poder que da el petróleo. ¡Qué bajeza moral es todo ello! ¡Qué frivolidad inhumana!

Estamos en un mundo en el que imperan términos bélicos, como son el de “guerra santa”, “armas de destrucción masiva”, “daños colaterales”, “guerra preventiva”, “estrés postraumático”, etc. Términos todos ellos muy duros y terribles. Es este mundo, desde un punto de vista realista, un lugar donde se ha pasado de matar gente, a matarse uno mismo con tal de quitar el máximo número posible de vidas. Son estos atentados suicidas llevados a cabo por personas fanáticas, pertenecientes a sectas fundamentalistas en las cuales se les lava el cerebro con ideas fantasiosas de ganarse el “paraíso”, paraíso que tienen difícil conseguir con tales actos horrendos, ya que si Dios es Infinitamente Misericordioso para redimirnos de todos nuestros pecados, también es justo, por eso también habrá un Juicio Final que decidirá el destino final de cada una de las almas que hay en este vida terrenal. A través de dichos atentados se está perdiendo el sentido de la moralidad y dignidad humana. No existe la tan mencionada guerra santa. Es éste un término sacado de la manga por aquellos fanáticos religiosos, que quieren declarar la guerra entre Oriente y Occidente, o mejor dicho, un enfrentamiento entre el cristianismo y el islamismo. Una guerra propiciada sólo por el hombre, no por Dios, el cual nos concedió el don del “libre albedrío” para que hiciésemos de nuestra vida lo más justo, noble y correcto, sin tratar de tergiversar dicho don como el hombre erróneamente ha hecho. Dios no tiene la culpa de todas las miserias e injusticias que hay en el mundo. Es, pues, la culpa única y exclusivamente del hombre que ha pecado descarada y deliberadamente. Por cierto, la única guerra preventiva es la PAZ.

Actualmente, estamos conmocionados por los atentados terroristas islamistas acontecidos en París. Dichos atentados causaron la muerte de más de un centenar de personas y más de 300 heridos. La reacción de todo el pueblo francés fue de unidad, solidaridad y apoyo a todas las víctimas. Fue un ejemplo cívico de rechazo de toda la sociedad francesa a esta barbarie y sin razón. Casi todas las semanas vemos estos atentados en países de oriente medio, pero que ocurra en el corazón de Europa, en donde los valores éticos y democráticos están muy arraigados, cuesta asimilar. Sin duda, fue un atentado a la libertad y la vida de todos los europeos. Todos los españoles nos sentimos consternados por tales sucesos acontecidos en nuestro país vecino y aliado, Francia. No hay religión alguna que justifique la violencia. Las religiones son un sistema de dogmas, preceptos y, sobre todo, valores basados en el amor, la paz, la justicia y la solidaridad. 

En definitiva, el terrorismo internacional constituye para todas las naciones democráticas un enemigo del que hay que batir. Si el nazismo causó muchos estragos, hoy en día la tercera guerra mundial constituye el terrorismo yihadista. Espero y deseo que todas las naciones del mundo se unan bajo una misma bandera e himno que tenga como tenga como lema la igualdad, la solidaridad, la libertad, la paz y la fraternidad. 

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«No hay ideal más elevado que el derecho a la vida y a la libertad»

Jesús Fraga Cid

El terrorismo no tiene fronteras, convirtiéndose actualmente en una de las mayores lacras sociales y que más preocupación causan entre la población mundial de este planeta. En mente tenemos los atroces y aterradores atentados acaecidos en EE.UU. y más recientemente en Madrid, Londres y París. Imágenes realmente escalofriantes que han dado una y otra vez la vuelta al mundo a través de todos los medios de comunicación. Unos atentados que han causado una profunda conmoción, rabia e indignación entre toda la gente civilizada de la Tierra. Uno, por más que lo intenta, no acaba de acostumbrarse, asimilar y permanecer indiferente ante tales hechos, aunque nos resulte algo ajeno a nosotros. Nadie debe sentirse indiferente ante tales hechos porque si lo hiciésemos estaríamos perdiendo un grado de humanidad, de sensibilidad y solidaridad por toda esa gente. No es muy difícil sentir empatía por la desgracia ajena. Creo que sentirla es una experiencia peculiarmente humana, es un rasgo de nuestra inteligencia emocional que en la gran mayoría de los casos es necesaria para comprender lo que siente nuestro prójimo. Debido a esa empatía, la respuesta de la ciudadanía en España fue clamorosa para solidarizarse con los familiares de las víctimas y para protestar contra toda esta barbarie y sin razón. No debía ser menos y máxime cuando nosotros llevamos luchando por algunos derechos que se nos fueron arrebatados ilegítimamente, en cierta manera,  de golpe, como son el derecho a la vida, la libertad de expresión y a la paz debido a los atentados de la organización E.T.A., quienes han sembrado el terror y la barbaridad por allí por donde atentaron. Sin embargo, todo el consuelo que puedan recibir los familiares de esas innumerables víctimas no será suficiente. Necesitarán años y años para asimilar lo ocurrido y mucha ayuda y apoyo psicológico por parte de la sociedad.

Vivimos en un mundo “desquiciado” en el que prodigan las grandes injusticias, como las guerras, el terrorismo, el hambre y pobreza por el mal reparto de la riqueza, la corrupción, etcétera. En un mundo en el que estamos perdiendo el respeto a determinados valores morales y éticos, como son el amor, la paz, la justicia, la solidaridad, la compasión, etcétera. Vivimos en un planeta en que se ha violado los principios y valores más imprescindibles y fundamentales que ostenta cualquier ser vivo. Entre esos valores está el derecho a la vida de cualquier persona por encima de cualquier tipo de interés y fin.

Sin desviarme del asunto principal que estoy abordando, que es el terrorismo, es preciso decir que tuvo ocurrir una tragedia de dimensiones desproporcionadas como la que ocurrió el 11 de septiembre en EE.UU. para que los máximos dirigentes de todos los países del mundo empezaran a tomar medidas para solucionar el grave problema del terrorismo, es decir, empiezan a tomar medidas después de sus terribles consecuencias, cuando lo más importante es tratar de prevenir dichos sucesos antes de que se produzcan. No basta con una declaración de buenas intenciones y correctos modales, la mayoría en mi opinión con una connotación partidista y propagandista, sino que tienen que tomar decisiones y medidas contundentes, rígidas y duras de modo que se pueda establecer un sólido, meticuloso y implacable plan de actuación entre todos los países y se deben utilizar todos los recursos disponibles para atajar esta lacra que cada vez esta causando más dolor y consternación a aquellas personas que lo sufren de primera mano. El problema estriba en que vivimos en un mundo “contaminado”, con políticos “contaminados” y cuyas intenciones y sentimientos están “contaminados”. No entiendo como están tan injustamente establecidos los “sistemas de gobernar”. Es verdad que estoy en contra del “sistema” que rige de manera mecánica, fría e inhumana nuestro planeta, un sistema del que todos somos culpables de su funcionamiento, sin responsabilizar única y exclusivamente a los políticos. Digo eso, porque pienso que para cambiar los “pilares” tan defectuosamente implantados en cuanto a la forma de gobernar, todos debemos ser partícipes y colaborar con nuestro granito de arena para que este mundo sea un lugar mejor en donde vivir, de modo que este lugar no se convierta en lo más parecido a un  “valle de lágrimas” o a un “drama humano compartido” en el que tenemos una actitud resignada y de aceptación de todo el mal e injusticias que existen. Debemos ser desafiantes y luchadores por las causas justas. No entiendo para que se han creado organismos internacionales como la O.T.A.N. y la O.N.U. (este último promulgando infructuosamente la tan famosa Declaración Universal de Derechos Humanos) que no han tenido la suficiente competencia y compromiso de solucionar y apaciguar la mayoría de las injusticias que asolan nuestro planeta, entre ellas el terrorismo. Sigue habiendo demasiado permisividad, “libre albedrío” y trato de favor con algunos países, sobre todo a EE.UU., que se saltan “a la torera” resoluciones y acuerdos internacionales promulgadas por dichos organismos. Estas organizaciones gubernamentales deberían desempeñar un papel más activo, más comprometido y decidido por todas esas causas y no delegar o relegar su responsabilidad y funciones a unos pocos países que se quieren hacer pasar por los dueños del mundo de una manera prepotente, arrogante e imperialista. El derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York, el emblema más representativo de EE.UU. (junto con la Estatua de la Libertad), las cuales simbolizaban el capitalismo e imperialismo comercial y financiero de EE.UU. en todo el mundo y uno de los mayores orgullos del americanismo, ensalzado con su patriotismo déspota y fogoso, fue fruto de su irracional, irresponsable y prepotente política de gobernar exterior. Dicha política consistía en la intromisión deliberada e ilegítima en conflictos armados entre otros países, metiéndose y provocando guerras entre aquellas naciones mucho más vulnerables militar y económicamente, haciendo de juez y mediador en guerras que deberían ser resueltas por organismos como la O.N.U. y la O.T.A.N., los cuales deberían jugar un papel mucho más decisivo y resolutivo. Su política imperialista, reflejado en ese avasallamiento sobre países mucho más débiles y vulnerables con el banal e infundado pretexto de mediar y solucionar dichos conflictos, no hizo más que generar más inseguridad e injusticia en el mundo, al mismo tiempo que sembrar un profundo rencor, odio y sentimiento de “antiamericanismo” en casi todo el mundo. El hecho de querer ser epicentro del mundo le ha salido muy caro.

Quiero mencionar una cosa relevante y es que el propósito final de este artículo no es hacer una crítica destructiva en contra de los EE.UU., más bien quiero que sea constructiva, al fin y al cabo yo me identifico acérrimamente con su cultura por tener raíces anglosajonas y hispánicas (me refiero a las numerosas colonias que tuvo en la costa oeste), sin que ello signifique el que esté de acuerdo con su política de gobernar. Es ahí donde radica el problema de Estados Unidos. Siendo el país más poderoso del mundo en casi todos los aspectos, sobre todo en los aspectos político, militar, económico, científico y tecnológico, deberían ser un  modelo a seguir por todos los demás países, tratando de gobernar con justicia, equidad, raciocinio y con sentido de la moralidad.

Hay muchas cosas que no entiendo porque tienen que suceder, entre esas cosas está la guerra bélica que existe ya desde hace varias décadas atrás en Oriente Medio. Estamos totalmente hartos de ver por los informativos noticias e imágenes sobre algún atentado en Israel o Palestina. Todos esos atentados terroristas que cuestan la vida de miles de personas cada año son repudiantes, execrables y brutales. Tales hechos constituyen, sin ningún género de dudas, verdaderos crímenes contra la humanidad, que no tienen justificación posible y máxime cuando se trata de apagar la vida de una persona. El derecho a la vida es el mayor don que Dios nos ha concedido y no somos nosotros nadie para decidir cuál es el destino de nuestro prójimo de esa manera tan horrenda. El terrorismo es una de las peores y más miserables expresiones de la condición humana. Es un acto de salvajismo e inhumanidad que no se debería tolerar en ningún momento, ni en ningún lugar, ni por ningún motivo y fin. La pasividad, incompetencia e ineptitud de estos organismos internacionales ya mencionados anteriormente a la hora de gestionar y solucionar esta lucha armada en Oriente Medio ha quedado más que patente. La invasión ilegítima por parte de los israelíes de territorios palestinos ha desencadenado en un conflicto bélico que no acaba de terminar (especial brutalidad tienen los atentados terroristas cometidos por la intifada palestina en los territorios de Cisjordania y en la franja de Gaza invadidos por los israelíes). Un conflicto que la propia diplomacia internacional no es capaz de encontrar una solución pacífica y dialogante. Se ha derramado mucha sangre de gente inocente debido, sobre todo, a la gran cantidad de atentados terroristas. Si al problema de Oriente Medio le sumamos la guerra de Irak (y sobre todo posguerra, la cual ha generado más terrorismo e inseguridad si cabe) y otros conflictos armados que existen por todo el mundo, como el conflicto bélico abierto en Afganistán, Egipto y Siria, el panorama mundial, a  la hora de buscar la paz mundial es bastante desesperanzador e inquietante.

Después del “shock” mundial sufrido a causa de los atentados terroristas suicidas islamistas de Al Quaeda contra EE.UU.(en el inconsciente colectivo quedarán grabadas las duras imágenes de los atentados terroristas contra las Torres Gemelas de Nueva York), los cuales hicieron tambalear a casi todas las democracias, poniendo en alerta máxima a todos los dirigentes de casi todos los países del mundo, al mismo tiempo que se celebraron súbitamente manifestaciones en casi todos los rincones del planeta en acto de repulsa ante dichos atentados, el clima político mundial sigue siendo hoy en día muy tenso y distanciado, debido sobre todo a la explosión de la guerra de Irak y su actual postguerra. Digo clima tenso y distanciado porque en el mundo se había formado dos grandes coaliciones que acabarían enfrentadas: una la formaban los países que estaban a favor de la invasión y guerra contra Irak y en la que se encontraba como principales abanderados EE.UU., Reino Unido, Italia y, por desgracia, España (digo desgracia por las graves consecuencias que deparó su intromisión irresponsable y arrogante en la guerra, en contra del clamor popular que gritaba a gritos su no participación en dicha guerra, la cual sería el detonante del atentado terrorista del 11-M); y la otra coalición lo componían los países que estaban en contra de la más que cuestionada guerra, entre ellos Alemania, Francia y Rusia. El pretexto para la invasión de Irak fue el incumplimiento de varias resoluciones de Naciones Unidas por parte de este país y en la que se sospechaba, sobre todo la C.I.A., que había más que meros indicios de que Irak pudiese tener las tan abominables armas de destrucción masiva. Después de enviar la O.N.U. a varios inspectores, uno de los cuales se suicidó en extrañas circunstancias, así como a varios agentes del servicio de inteligencia americanos a investigar e infiltrarse ocultamente el país, no encontraron ni por asomo indicios que los iraquíes tuviesen las tan controvertidas armas de destrucción masiva. El tiempo acabó, entonces, dando la razón a los países y ciudadanos que defendían a capa y espada la paz, al demostrase que la decisión inmadura, irresponsable y prepotente de invadir Irak no estaba respaldada y motivada con argumentos y pruebas de cierta consistencia, credibilidad y coherencia, sino que dichos argumentos se basaban en meras especulaciones y conjeturas que no hacían más que poner en entredicho la legitimidad y credibilidad de dicha decisión precipitada e irracional de provocar una guerra en Irak. Las consecuencias de la guerra fueron desastrosas, pero más lo está siendo la posguerra por los frecuentes atentados terroristas suicidas que tienen lugar, causando muchas víctimas, sobre todo civiles (especial virulencia tienen los atentados terroristas suicidas perpetrados la insurgencia iraquí). Las imágenes que muestran los telediarios gracias a sus corresponsales son verdaderamente dramáticas y espantosas. No hay palabras para definirlo. Son verdaderos crímenes contra la integridad humana. Por si fuera poco, este conflicto está influyendo determinantemente en la economía mundial (no hace falta decir que la guerra de Irak y los atentados terroristas contra las Torres Gemelas de Nueva York provocaron un importante descalabro de las bolsas de casi todo el mundo, sobre todo de Wall Street), sobre todo en la subida del petróleo. ¡Qué maldito es el término “petróleo”! ¡Cómo es posible que estos  fanáticos políticos puedan cegarse tanto por las ansias de poder, por el amor al dinero! ¡Cómo es posible que corra tanta sangre de gente inocente por el endiablado poder que da el petróleo. ¡Qué bajeza moral es todo ello! ¡Qué frivolidad inhumana!

Estamos en un mundo en el que imperan términos bélicos, como son el de “guerra santa”, “armas de destrucción masiva”, “daños colaterales”, “guerra preventiva”, “estrés postraumático”, etc. Términos todos ellos muy duros y terribles. Es este mundo, desde un punto de vista realista, un lugar donde se ha pasado de matar gente, a matarse uno mismo con tal de quitar el máximo número posible de vidas. Son estos atentados suicidas llevados a cabo por personas fanáticas, pertenecientes a sectas fundamentalistas en las cuales se les lava el cerebro con ideas fantasiosas de ganarse el “paraíso”, paraíso que tienen difícil conseguir con tales actos horrendos, ya que si Dios es Infinitamente Misericordioso para redimirnos de todos nuestros pecados, también es justo, por eso también habrá un Juicio Final que decidirá el destino final de cada una de las almas que hay en este vida terrenal. A través de dichos atentados se está perdiendo el sentido de la moralidad y dignidad humana. No existe la tan mencionada guerra santa. Es éste un término sacado de la manga por aquellos fanáticos religiosos, que quieren declarar la guerra entre Oriente y Occidente, o mejor dicho, un enfrentamiento entre el cristianismo y el islamismo. Una guerra propiciada sólo por el hombre, no por Dios, el cual nos concedió el don del “libre albedrío” para que hiciésemos de nuestra vida lo más justo, noble y correcto, sin tratar de tergiversar dicho don como el hombre erróneamente ha hecho. Dios no tiene la culpa de todas las miserias e injusticias que hay en el mundo. Es, pues, la culpa única y exclusivamente del hombre que ha pecado descarada y deliberadamente. Por cierto, la única guerra preventiva es la PAZ.

Actualmente, estamos conmocionados por los atentados terroristas islamistas acontecidos en París. Dichos atentados causaron la muerte de más de un centenar de personas y más de 300 heridos. La reacción de todo el pueblo francés fue de unidad, solidaridad y apoyo a todas las víctimas. Fue un ejemplo cívico de rechazo de toda la sociedad francesa a esta barbarie y sin razón. Casi todas las semanas vemos estos atentados en países de oriente medio, pero que ocurra en el corazón de Europa, en donde los valores éticos y democráticos están muy arraigados, cuesta asimilar. Sin duda, fue un atentado a la libertad y la vida de todos los europeos. Todos los españoles nos sentimos consternados por tales sucesos acontecidos en nuestro país vecino y aliado, Francia. No hay religión alguna que justifique la violencia. Las religiones son un sistema de dogmas, preceptos y, sobre todo, valores basados en el amor, la paz, la justicia y la solidaridad. 

En definitiva, el terrorismo internacional constituye para todas las naciones democráticas un enemigo del que hay que batir. Si el nazismo causó muchos estragos, hoy en día la tercera guerra mundial constituye el terrorismo yihadista. Espero y deseo que todas las naciones del mundo se unan bajo una misma bandera e himno que tenga como tenga como lema la igualdad, la solidaridad, la libertad, la paz y la fraternidad. 

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«No hay ideal más elevado que el derecho a la vida y a la libertad»

Jesús Fraga Cid

El terrorismo no tiene fronteras, convirtiéndose actualmente en una de las mayores lacras sociales y que más preocupación causan entre la población mundial de este planeta. En mente tenemos los atroces y aterradores atentados acaecidos en EE.UU. y más recientemente en Madrid, Londres y París. Imágenes realmente escalofriantes que han dado una y otra vez la vuelta al mundo a través de todos los medios de comunicación. Unos atentados que han causado una profunda conmoción, rabia e indignación entre toda la gente civilizada de la Tierra. Uno, por más que lo intenta, no acaba de acostumbrarse, asimilar y permanecer indiferente ante tales hechos, aunque nos resulte algo ajeno a nosotros. Nadie debe sentirse indiferente ante tales hechos porque si lo hiciésemos estaríamos perdiendo un grado de humanidad, de sensibilidad y solidaridad por toda esa gente. No es muy difícil sentir empatía por la desgracia ajena. Creo que sentirla es una experiencia peculiarmente humana, es un rasgo de nuestra inteligencia emocional que en la gran mayoría de los casos es necesaria para comprender lo que siente nuestro prójimo. Debido a esa empatía, la respuesta de la ciudadanía en España fue clamorosa para solidarizarse con los familiares de las víctimas y para protestar contra toda esta barbarie y sin razón. No debía ser menos y máxime cuando nosotros llevamos luchando por algunos derechos que se nos fueron arrebatados ilegítimamente, en cierta manera,  de golpe, como son el derecho a la vida, la libertad de expresión y a la paz debido a los atentados de la organización E.T.A., quienes han sembrado el terror y la barbaridad por allí por donde atentaron. Sin embargo, todo el consuelo que puedan recibir los familiares de esas innumerables víctimas no será suficiente. Necesitarán años y años para asimilar lo ocurrido y mucha ayuda y apoyo psicológico por parte de la sociedad.

Vivimos en un mundo “desquiciado” en el que prodigan las grandes injusticias, como las guerras, el terrorismo, el hambre y pobreza por el mal reparto de la riqueza, la corrupción, etcétera. En un mundo en el que estamos perdiendo el respeto a determinados valores morales y éticos, como son el amor, la paz, la justicia, la solidaridad, la compasión, etcétera. Vivimos en un planeta en que se ha violado los principios y valores más imprescindibles y fundamentales que ostenta cualquier ser vivo. Entre esos valores está el derecho a la vida de cualquier persona por encima de cualquier tipo de interés y fin.

Sin desviarme del asunto principal que estoy abordando, que es el terrorismo, es preciso decir que tuvo ocurrir una tragedia de dimensiones desproporcionadas como la que ocurrió el 11 de septiembre en EE.UU. para que los máximos dirigentes de todos los países del mundo empezaran a tomar medidas para solucionar el grave problema del terrorismo, es decir, empiezan a tomar medidas después de sus terribles consecuencias, cuando lo más importante es tratar de prevenir dichos sucesos antes de que se produzcan. No basta con una declaración de buenas intenciones y correctos modales, la mayoría en mi opinión con una connotación partidista y propagandista, sino que tienen que tomar decisiones y medidas contundentes, rígidas y duras de modo que se pueda establecer un sólido, meticuloso y implacable plan de actuación entre todos los países y se deben utilizar todos los recursos disponibles para atajar esta lacra que cada vez esta causando más dolor y consternación a aquellas personas que lo sufren de primera mano. El problema estriba en que vivimos en un mundo “contaminado”, con políticos “contaminados” y cuyas intenciones y sentimientos están “contaminados”. No entiendo como están tan injustamente establecidos los “sistemas de gobernar”. Es verdad que estoy en contra del “sistema” que rige de manera mecánica, fría e inhumana nuestro planeta, un sistema del que todos somos culpables de su funcionamiento, sin responsabilizar única y exclusivamente a los políticos. Digo eso, porque pienso que para cambiar los “pilares” tan defectuosamente implantados en cuanto a la forma de gobernar, todos debemos ser partícipes y colaborar con nuestro granito de arena para que este mundo sea un lugar mejor en donde vivir, de modo que este lugar no se convierta en lo más parecido a un  “valle de lágrimas” o a un “drama humano compartido” en el que tenemos una actitud resignada y de aceptación de todo el mal e injusticias que existen. Debemos ser desafiantes y luchadores por las causas justas. No entiendo para que se han creado organismos internacionales como la O.T.A.N. y la O.N.U. (este último promulgando infructuosamente la tan famosa Declaración Universal de Derechos Humanos) que no han tenido la suficiente competencia y compromiso de solucionar y apaciguar la mayoría de las injusticias que asolan nuestro planeta, entre ellas el terrorismo. Sigue habiendo demasiado permisividad, “libre albedrío” y trato de favor con algunos países, sobre todo a EE.UU., que se saltan “a la torera” resoluciones y acuerdos internacionales promulgadas por dichos organismos. Estas organizaciones gubernamentales deberían desempeñar un papel más activo, más comprometido y decidido por todas esas causas y no delegar o relegar su responsabilidad y funciones a unos pocos países que se quieren hacer pasar por los dueños del mundo de una manera prepotente, arrogante e imperialista. El derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York, el emblema más representativo de EE.UU. (junto con la Estatua de la Libertad), las cuales simbolizaban el capitalismo e imperialismo comercial y financiero de EE.UU. en todo el mundo y uno de los mayores orgullos del americanismo, ensalzado con su patriotismo déspota y fogoso, fue fruto de su irracional, irresponsable y prepotente política de gobernar exterior. Dicha política consistía en la intromisión deliberada e ilegítima en conflictos armados entre otros países, metiéndose y provocando guerras entre aquellas naciones mucho más vulnerables militar y económicamente, haciendo de juez y mediador en guerras que deberían ser resueltas por organismos como la O.N.U. y la O.T.A.N., los cuales deberían jugar un papel mucho más decisivo y resolutivo. Su política imperialista, reflejado en ese avasallamiento sobre países mucho más débiles y vulnerables con el banal e infundado pretexto de mediar y solucionar dichos conflictos, no hizo más que generar más inseguridad e injusticia en el mundo, al mismo tiempo que sembrar un profundo rencor, odio y sentimiento de “antiamericanismo” en casi todo el mundo. El hecho de querer ser epicentro del mundo le ha salido muy caro.

Quiero mencionar una cosa relevante y es que el propósito final de este artículo no es hacer una crítica destructiva en contra de los EE.UU., más bien quiero que sea constructiva, al fin y al cabo yo me identifico acérrimamente con su cultura por tener raíces anglosajonas y hispánicas (me refiero a las numerosas colonias que tuvo en la costa oeste), sin que ello signifique el que esté de acuerdo con su política de gobernar. Es ahí donde radica el problema de Estados Unidos. Siendo el país más poderoso del mundo en casi todos los aspectos, sobre todo en los aspectos político, militar, económico, científico y tecnológico, deberían ser un  modelo a seguir por todos los demás países, tratando de gobernar con justicia, equidad, raciocinio y con sentido de la moralidad.

Hay muchas cosas que no entiendo porque tienen que suceder, entre esas cosas está la guerra bélica que existe ya desde hace varias décadas atrás en Oriente Medio. Estamos totalmente hartos de ver por los informativos noticias e imágenes sobre algún atentado en Israel o Palestina. Todos esos atentados terroristas que cuestan la vida de miles de personas cada año son repudiantes, execrables y brutales. Tales hechos constituyen, sin ningún género de dudas, verdaderos crímenes contra la humanidad, que no tienen justificación posible y máxime cuando se trata de apagar la vida de una persona. El derecho a la vida es el mayor don que Dios nos ha concedido y no somos nosotros nadie para decidir cuál es el destino de nuestro prójimo de esa manera tan horrenda. El terrorismo es una de las peores y más miserables expresiones de la condición humana. Es un acto de salvajismo e inhumanidad que no se debería tolerar en ningún momento, ni en ningún lugar, ni por ningún motivo y fin. La pasividad, incompetencia e ineptitud de estos organismos internacionales ya mencionados anteriormente a la hora de gestionar y solucionar esta lucha armada en Oriente Medio ha quedado más que patente. La invasión ilegítima por parte de los israelíes de territorios palestinos ha desencadenado en un conflicto bélico que no acaba de terminar (especial brutalidad tienen los atentados terroristas cometidos por la intifada palestina en los territorios de Cisjordania y en la franja de Gaza invadidos por los israelíes). Un conflicto que la propia diplomacia internacional no es capaz de encontrar una solución pacífica y dialogante. Se ha derramado mucha sangre de gente inocente debido, sobre todo, a la gran cantidad de atentados terroristas. Si al problema de Oriente Medio le sumamos la guerra de Irak (y sobre todo posguerra, la cual ha generado más terrorismo e inseguridad si cabe) y otros conflictos armados que existen por todo el mundo, como el conflicto bélico abierto en Afganistán, Egipto y Siria, el panorama mundial, a  la hora de buscar la paz mundial es bastante desesperanzador e inquietante.

Después del “shock” mundial sufrido a causa de los atentados terroristas suicidas islamistas de Al Quaeda contra EE.UU.(en el inconsciente colectivo quedarán grabadas las duras imágenes de los atentados terroristas contra las Torres Gemelas de Nueva York), los cuales hicieron tambalear a casi todas las democracias, poniendo en alerta máxima a todos los dirigentes de casi todos los países del mundo, al mismo tiempo que se celebraron súbitamente manifestaciones en casi todos los rincones del planeta en acto de repulsa ante dichos atentados, el clima político mundial sigue siendo hoy en día muy tenso y distanciado, debido sobre todo a la explosión de la guerra de Irak y su actual postguerra. Digo clima tenso y distanciado porque en el mundo se había formado dos grandes coaliciones que acabarían enfrentadas: una la formaban los países que estaban a favor de la invasión y guerra contra Irak y en la que se encontraba como principales abanderados EE.UU., Reino Unido, Italia y, por desgracia, España (digo desgracia por las graves consecuencias que deparó su intromisión irresponsable y arrogante en la guerra, en contra del clamor popular que gritaba a gritos su no participación en dicha guerra, la cual sería el detonante del atentado terrorista del 11-M); y la otra coalición lo componían los países que estaban en contra de la más que cuestionada guerra, entre ellos Alemania, Francia y Rusia. El pretexto para la invasión de Irak fue el incumplimiento de varias resoluciones de Naciones Unidas por parte de este país y en la que se sospechaba, sobre todo la C.I.A., que había más que meros indicios de que Irak pudiese tener las tan abominables armas de destrucción masiva. Después de enviar la O.N.U. a varios inspectores, uno de los cuales se suicidó en extrañas circunstancias, así como a varios agentes del servicio de inteligencia americanos a investigar e infiltrarse ocultamente el país, no encontraron ni por asomo indicios que los iraquíes tuviesen las tan controvertidas armas de destrucción masiva. El tiempo acabó, entonces, dando la razón a los países y ciudadanos que defendían a capa y espada la paz, al demostrase que la decisión inmadura, irresponsable y prepotente de invadir Irak no estaba respaldada y motivada con argumentos y pruebas de cierta consistencia, credibilidad y coherencia, sino que dichos argumentos se basaban en meras especulaciones y conjeturas que no hacían más que poner en entredicho la legitimidad y credibilidad de dicha decisión precipitada e irracional de provocar una guerra en Irak. Las consecuencias de la guerra fueron desastrosas, pero más lo está siendo la posguerra por los frecuentes atentados terroristas suicidas que tienen lugar, causando muchas víctimas, sobre todo civiles (especial virulencia tienen los atentados terroristas suicidas perpetrados la insurgencia iraquí). Las imágenes que muestran los telediarios gracias a sus corresponsales son verdaderamente dramáticas y espantosas. No hay palabras para definirlo. Son verdaderos crímenes contra la integridad humana. Por si fuera poco, este conflicto está influyendo determinantemente en la economía mundial (no hace falta decir que la guerra de Irak y los atentados terroristas contra las Torres Gemelas de Nueva York provocaron un importante descalabro de las bolsas de casi todo el mundo, sobre todo de Wall Street), sobre todo en la subida del petróleo. ¡Qué maldito es el término “petróleo”! ¡Cómo es posible que estos  fanáticos políticos puedan cegarse tanto por las ansias de poder, por el amor al dinero! ¡Cómo es posible que corra tanta sangre de gente inocente por el endiablado poder que da el petróleo. ¡Qué bajeza moral es todo ello! ¡Qué frivolidad inhumana!

Estamos en un mundo en el que imperan términos bélicos, como son el de “guerra santa”, “armas de destrucción masiva”, “daños colaterales”, “guerra preventiva”, “estrés postraumático”, etc. Términos todos ellos muy duros y terribles. Es este mundo, desde un punto de vista realista, un lugar donde se ha pasado de matar gente, a matarse uno mismo con tal de quitar el máximo número posible de vidas. Son estos atentados suicidas llevados a cabo por personas fanáticas, pertenecientes a sectas fundamentalistas en las cuales se les lava el cerebro con ideas fantasiosas de ganarse el “paraíso”, paraíso que tienen difícil conseguir con tales actos horrendos, ya que si Dios es Infinitamente Misericordioso para redimirnos de todos nuestros pecados, también es justo, por eso también habrá un Juicio Final que decidirá el destino final de cada una de las almas que hay en este vida terrenal. A través de dichos atentados se está perdiendo el sentido de la moralidad y dignidad humana. No existe la tan mencionada guerra santa. Es éste un término sacado de la manga por aquellos fanáticos religiosos, que quieren declarar la guerra entre Oriente y Occidente, o mejor dicho, un enfrentamiento entre el cristianismo y el islamismo. Una guerra propiciada sólo por el hombre, no por Dios, el cual nos concedió el don del “libre albedrío” para que hiciésemos de nuestra vida lo más justo, noble y correcto, sin tratar de tergiversar dicho don como el hombre erróneamente ha hecho. Dios no tiene la culpa de todas las miserias e injusticias que hay en el mundo. Es, pues, la culpa única y exclusivamente del hombre que ha pecado descarada y deliberadamente. Por cierto, la única guerra preventiva es la PAZ.

Actualmente, estamos conmocionados por los atentados terroristas islamistas acontecidos en París. Dichos atentados causaron la muerte de más de un centenar de personas y más de 300 heridos. La reacción de todo el pueblo francés fue de unidad, solidaridad y apoyo a todas las víctimas. Fue un ejemplo cívico de rechazo de toda la sociedad francesa a esta barbarie y sin razón. Casi todas las semanas vemos estos atentados en países de oriente medio, pero que ocurra en el corazón de Europa, en donde los valores éticos y democráticos están muy arraigados, cuesta asimilar. Sin duda, fue un atentado a la libertad y la vida de todos los europeos. Todos los españoles nos sentimos consternados por tales sucesos acontecidos en nuestro país vecino y aliado, Francia. No hay religión alguna que justifique la violencia. Las religiones son un sistema de dogmas, preceptos y, sobre todo, valores basados en el amor, la paz, la justicia y la solidaridad. 

En definitiva, el terrorismo internacional constituye para todas las naciones democráticas un enemigo del que hay que batir. Si el nazismo causó muchos estragos, hoy en día la tercera guerra mundial constituye el terrorismo yihadista. Espero y deseo que todas las naciones del mundo se unan bajo una misma bandera e himno que tenga como tenga como lema la igualdad, la solidaridad, la libertad, la paz y la fraternidad. 

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