GENETICS & BIOTECHNOLOGY

Jesus Fraga | junio 28, 2018 | 0

LOS ÚLTIMOS AVANCES CIENTÍFICOS EN BIOTECNOLOGÍA, REPROGRAMACIÓN CELULAR Y GENÉTICA PERMITIRÁN PROLONGAR LA LONGEVIDAD Y ESPERANZA DE VIDA MÁS ALLÁ DE LOS 120 AÑOS

Cuando se acerque su último suspiro, el doctor en bioquímica Rodolfo Goya , investigador del Conicet en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), va a intentar una zancadilla final a la muerte: será congelado a menos de 190 grados en un instituto de Michigan y colocado en un termo o criostato, cabeza abajo, junto a otros cinco “pacientes”. Su sueño es que en un plazo incierto (15, 30, 50 o 100 años) la ciencia consiga atacar las causas de su senectud y enfermedad y lo “resucite”. Y que incluso pueda ser mejorado. “La criónica, preservación de cuerpos a baja temperatura, es una nave al futuro que no se sabe dónde va a aterrizar”, dice en su laboratorio de la Facultad de Medicina. Y agrega: “Pero estoy seguro de que la tecnología va a lograr vencer a la muerte. Y lo mejor que puedo hacer, mientras tanto, es congelarme y esperar ese futuro”.

Vivir hasta los 100, 115 o 150 años está dejando de ser la meta ambiciosa que supo ser. Y la actitud de Goya simboliza un creciente espíritu de resistencia entre científicos, tecnólogos, futuristas y emprendedores: la convicción de que el envejecimiento y la muerte no son un destino ineludible de los seres vivos y que se puede interferir en los mecanismos bioquímicos que los desencadenan o reparar los daños que producen. Los más cautos o modestos aspiran a extender la esperanza de vida algunos años o décadas. Por ejemplo, hasta 150 años. Para los más optimistas, en cambio, en el mediano y largo plazo no resulta utópico vivir cientos o miles de años, en buen estado de salud.

El envejecimiento es el principal problema del mundo. Causa 100.000 muertes por día. No hay nada que cause más sufrimiento”, asegura el biogerontólogo inglés Aubrey de Gray, uno de los promotores más entusiastas de la posibilidad de la extensión radical de la vida. Graduado en ciencias de la computación, doctorado en biología en la Universidad de Cambridge y dueño de una tupida barba que le confiere un aire de profeta, De Gray postula que el deterioro del cuerpo con la edad no es distinto del que sufre un auto o cualquier máquina con el paso de los años. Y que la receta para hacerle frente es la misma: realizar un mantenimiento preventivo exhaustivo. “Podemos hacerlo con las máquinas. Y también podemos hacerlo con el cuerpo”, se entusiasma.

El tratamiento consistiría en la aplicación de células madre, anticuerpos, enzimas y otras sustancias que sustituyan piezas, corrijan anomalías o limpien al cuerpo de sus desechos después de los 50 años. En una videoconferencia que brindó en octubre del año pasado en el Campus Party Argentina, y que tuvo lugar en el predio de Tecnópolis, De Gray proyectó que esa técnica podría estar disponible dentro de 20 años. ¿Caro? Tal vez no. El especialista afirma que a los gobiernos les resultará más económico asegurar su provisión que costear las aflicciones de la vejez.

En su última novela, “Cero K”, Don DeLillo define a los centros de criónica como “una promesa más segura que los más allá de las religiones”. Pero De Gray no se queda muy atrás. Cuando un asistente al evento de Buenos Aires le preguntó respecto de la edad máxima que podría alcanzar un ser humano con su enfoque preventivo, respondió: “Es imposible poner un límite. Si se mantienen las muertes por accidentes, suicidios y pandemias, la expectativa promedio de vida podría ser de unos pocos miles de años. Pero, si, como creo, en el futuro vamos a bajar esas otras causas de muerte, se podría vivir aún más tiempo”.

De hologramas a células madre

La batalla final contra el progresivo declive físico y mental asociado a la edad es también la nueva fiebre del oro en Silicon Valley. Empresas como Google; billonarios como Peter Thiel (fundador de PayPal) y Larry Elison (fundador de Oracle); y científicos como Craig Venter, uno de los “padres” del proyecto genoma humano, crearon recientemente o invirtieron fortunas en compañías biotecnológicas orientadas a aplazar la hora del entierro.

Algunos caminos para la inmortalidad son dignos de películas de ciencia ficción.Implican fusiones del humano con las máquinas, copias de back up de nuestra información o mentes que se transfieren a cuerpos artificiales u hologramas entre 2035 y 2045. Ray Kurzeil, un inventor, científico y futurista, pronostica que para 2029 la tecnología médica va a ser capaz de agregar un año adicional a la expectativa de vida remanente por cada año que pase. Como si la muerte fuera ese horizonte que se aleja a medida que uno avanza.

Goya, el investigador de La Plata, comparte esa tenaz rebeldía ante ¿lo inevitable? “Para quien no cree en Dios, la muerte es una tragedia. La casualidad [de una persona que sea como uno] no se va a repetir”, lamenta. Pero no sólo espera que otros resuelvan el problema para cuando él se congele, sino que desde hace décadas también explora métodos en modelos de laboratorio para retrasar el envejecimiento y prolongar la vida. “Pensé que se trataba de un problema lo suficientemente importante como para dedicarle mi vida científica”, dice. Primero probó con las hormonas, cuyos niveles en humanos declinan después de los 30 o 35 años y sonaba una estrategia lógica. Por ejemplo, los promotores de la suplementación con hormona de crecimiento sostienen que sube las defensas, fortalece los huesos y los músculos, reduce los acúmulos adiposos, favorece la vida sexual y disminuye las arrugas.

Sin embargo, en sus experimentos, Goya descubrió que los animales bajo tratamiento hormonal lograban un rejuvenecimiento temporario (por ejemplo, recuperaban el brillo del pelo), pero a las pocas semanas se volvían resistentes a la intervención. “La hormona es un componente, pero también se necesitan receptores [sobre los que actúen]. Si hay muchas llaves y ninguna cerradura, la puerta no se va a poder abrir”, resume. También hay riesgos de efectos adversos.

Después de trabajar con la transferencia de genes en ciertas regiones del cerebro que funcionan mal con la edad, Goya decidió probar suerte con las células madre: esos manantiales “pluripotentes” que tienen la capacidad de convertirse en una neurona, un hepatocito o cualquier otra célula especializada cuando encuentra las señales adecuadas. Comodines biológicos que albergan la promesa de restaurar o rejuvenecer tejidos, aunque las evidencias en pacientes todavía son muy preliminares.

Sin demasiadas expectativas, según él mismo admite, Goya y su equipo comenzaron a aplicar dos inyecciones mensuales de células madre humanas en una sola rata que tenía seis meses, lo que equivale a una persona adulta de 35 o 40 años. Los resultados fueron asombrosos: mientras que el resto de los ejemplares de su especie no superó los 28, 31 o 36 meses de vida, el roedor tratado (al que apodaron “Number One”) alcanzó los ¡44 meses! Algo así como si fueran 17 años más en una persona. Y sin signos de declive físico. “Es el mayor logro que tuve alguna vez en el laboratorio”, enfatiza Goya. “Lo vi con mis propios ojos. No creo en los ovnis, pero si aterriza uno en el patio de mi casa, voy a creer”.

La revista “Rejuvenation Research” reportó el caso en agosto de 2016, por lo inusual. Goya espera ahora obtener fondos para replicar la experiencia en una muestra mayor. O que otros científicos lo hagan. Quizás no sea todavía la receta de la inmortalidad a la que aspira, pero imagina que puede ser uno de los caminos para mantener el bienestar por más tiempo y disfrutar más cumpleaños propios.

Cantidad y calidad

Por supuesto, como la literatura y el cine insisten en recordarnos, vivir mucho más tiempo no necesariamente resulta una bendición. Sin embargo, quienes investigan estrategias para prolongar la expectativa de vida aseguran que la calidad de los años ganados no se negocia. Y que el esfuerzo representa la mejor inversión concebible para mejorar la calidad de vida de los adultos mayores y la gestión de los recursos de salud. El enemigo es el envejecimiento, no los viejos.

Los pasos de la ciencia en ese camino pueden ser chiquitos, pero prometedores. Como recuerda el emprendedor y tecnólogo Santiago Bilinkis, no hace falta que aparezca de la noche a la mañana una solución que nos garantice vivir 1.000 años: puede hacerse de forma progresiva. Una persona que hoy tiene 40 puede estimar que le queda otro tanto por delante. Pero, si en el transcurso de esas cuatro décadas, la expectativa de vida humana se extiende hasta los 120 años, cuando llegue a los 80 le quedarán por delante los mismos 40 años que le quedan hoy. “Y cuando esa persona esté rondando los 120 años, cerca del fin del siglo XXI, quizás los avances científicos hayan logrado extender la vida a los 170, es decir, tendrá por delante más de lo que tiene hoy. En un cierto sentido, será más joven que ahora”, sintetiza.

Las señales alentadoras se suceden. En diciembre pasado, un equipo de investigadores de Estados Unidos logró la reprogramación parcial de células de un ratón vivo transgénico, haciendo que expresaran de manera intermitente ciertos genes (conocidos como “factores de Yamanaka”) que son característicos de las células madre embrionarias. Y fue como si hubieran recreado el destino de Benjamin Button. Los roedores, afectados por una forma de envejecimiento prematuro, mejoraron la función de sus órganos y vivieron un 30% más de tiempo.

“Es algo milagroso”, se entusiasma Goya, quien ahora planea replicar esa experiencia junto con colegas de Montevideo. De acuerdo con el bioquímico, rejuvenecer a una persona va a ser más difícil que hacerlo con un ratón, aunque cree que en el futuro se van a poder activar los genes “dormidos” de Yamanaka mediante el uso de drogas. “Donde parecía que había una pared, se ha abierto una puerta”, sentencia.

Al alcance de la mano

Ninguno de los expertos deja de recomendar los hábitos saludables, como una buena alimentación, el ejercicio o la reducción del estrés. El nivel educativo también guarda una relación directa con la longevidad. Pero, tal como advierte con crudeza De Gray, mejorar la calidad de vida y ayudar a prevenir enfermedades no implica que sirvan para frenar el proceso de envejecimiento per se. “El cuerpo va acumulando daños por el solo hecho de respirar, y eso no lo podemos evitar”, reitera.

El mantenimiento preventivo, el rejuvenecimiento con reprogramación celular y la fusión con máquinas suenan lejanos. De todos modos, existen algunas estrategias que hoy están, en teoría, más al alcance de la mano y que parecen prolongar la vida en buenas condiciones. Una de ellas es la llamada “restricción calórica”: una dieta estricta que consista en disminuir un 25 o 30% la ingestión diaria de calorías. Desde 1935, el método demostró extender hasta un 50% la longevidad en modelos animales, incluyendo mamíferos. Según algunos autores, sería una de las explicaciones de que la isla de Okinawa, en Japón, tenga la mayor proporción en el mundo de habitantes centenarios: por razones culturales, la población adulta consume un 20% menos de alimentos que en el resto del país.Sin embargo, la restricción calórica también puede dañar la inmunidad y la cicatrización de heridas. Y, por sobre todas las cosas, ¡es muy difícil de sostener en el tiempo!

Otro enfoque, quizás más realista, consiste en la administración de dos antiguos medicamentos: rapamicina (aprobado para prevenir el rechazo de trasplantes) y la metformina (para controlar la diabetes tipo 2). Por mecanismos que no están del todo claros, pero que simulan aspectos de la restricción calórica e interfieren con el metabolismo de las células, ambas drogas parecen retardar la declinación asociada a la vejez en múltiples sistemas de órganos.

Uno de los científicos que defienden esa estrategia, Mikhail Blagosklonny, del Roswell Park Cancer Institute de Buffalo, Estados Unidos, propone sumarlas a un cóctel preventivo que también incluya un antihipertensivo, una estatina para el colesterol, aspirina, propranolol y Viagra (además de dieta y ejercicio), según escribió en mayo en la revista “Oncotarget”.

Para Blagosklonny, no hay tiempo que perder: “Si queremos vivir más tiempo, tenemos que participar de ensayos clínicos [que prueben este enfoque]”, instó. Pero otros colegas, no sin razón, abrigan temor de los posibles y variados efectos adversos de la medicación.

El microbiólogo argentino Roberto Grau está explorando otra táctica: el uso de un probiótico, la bacteria del suelo Bacillus subtilis. Una de las variedades del germen se consume en Japón desde al menos 500 años en un alimento a base de soja fermentada (natto o “queso vegetal”). Por otra parte, ese país tiene la expectativa del mundo más alta del planeta. “Quizás no se trate de una mera coincidencia”, razonó.

En su laboratorio de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Grau alimentó a un gusano con esa bacteria y comprobó que extendía su longevidad a un nivel comparable con el de una persona que soplara 120 velitas. “Y con la vitalidad de uno de 50”, según le dijo a la prensa.

“No me animaría a plantear que hay un paralelismo absoluto entre un gusano y un humano, pero estoy convencido de que puede producir beneficios considerables”, sostiene un integrante del equipo de Grau, Federico Argañaraz. Otro de los investigadores, Marco Bartolini, agrega: “La mayor ventaja de este probiótico es que forma esporas [estructura que le permite sobrevivir a condiciones adversas] y no altera los atributos de los alimentos, por lo cual se puede poner en cualquier lado. ¡Hasta en el mate!”. Con rapidez de reflejos, para el año próximo se espera que una empresa argentina empiece a comercializar la primera yerba con la bacteria de la longevidad.

La “vacuna” de la longevidad

La última de las recetas anti-age que está siendo ensayada en animales es la llamada “hormesis”: el beneficio que recibe una célula u organismo después de la exposición a dosis bajas de un agente químico o factor ambiental que, en dosis altas, hubiera sido dañino. Una especie de vacuna que, para algunos especialistas, puede ser la llave para que los seres humanos vivan más. O, al menos, para que extiendan el período de independencia funcional y lucidez mental.

“La dosis óptima de un tratamiento de hormesis para cada persona dependerá de su fondo genético, como también del ambiente que experimentó a lo largo de su vida”, puntualiza Fabián Norry, investigador del Conicet en el Instituto de Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA), que funciona en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Por ahora, Norry y su grupo probaron la estrategia en cepas de moscas, con resultados alentadores. Por ejemplo, en un estudio que publicó a fines de 2016, mostró que la aplicación de más de diez “pulsos” diarios de calor a lo largo de toda la vida duplicó la longevidad de una línea de la mosca Drosophila Melanogaster.

Algunos entusiastas ya aplican el método en su rutina cotidiana: por ejemplo, se duchan cada mañana con agua fría o toman baños sauna. Sin embargo, Norry y otros científicos advierten que antes se necesita caracterizar mejor los mecanismos involucrados.

En cualquier caso, no se trata sólo de un problema de la ciencia. Frente a los avances de la tecnología, y la promesa de lograr prolongaciones sustantivas de la longevidad, existen voces de preocupación respecto del impacto social, político y económico de estas iniciativas. ¿Qué va a pasar con el trabajo? ¿Con la superpoblación del planeta? ¿Con los sistemas de jubilación? ¿Con las condenas a perpetua? ¿Con el estancamiento cultural? ¿Con los dictadores que se eternizan?

Los impulsores de estas estrategias esgrimen dos tipos de respuestas. Por un lado, el escenario demográfico no sería tan apocalíptico como muchos temen (prolongar la vida no implica extender el período reproductivo). Por el otro, suponen que los riesgos sociales de las intervenciones que favorecen una larga vida saludable no justifican rechazar los beneficios que implican. Y que la misma sociedad va a encontrar respuestas. “Vamos a tener más manos y mentes disponibles para ayudar a resolver esos temas globales”, dice a NOTICIAS la psicóloga rusa Elena Milova, directora del consejo de la ONG “Life Extension Advocacy Foundation” (LEAF).

Es difícil imaginarlo, claro, pero quizás convenga mantener la cabeza amplia respecto de ese futuro. El biólogo Lewis Wolpert, autor del libro “Por ti no pasan los años”, escribió en 2011: “Yo no quiero formar parte de ese cuarto de la población mayor que vive en una residencia para mayores y me haría feliz morir apaciblemente en mi casa a los 85 años”. Y luego agregó: “Pero tal vez cambie de opinión”.

A todo esto habría que añadir el Proyecto Avatar (Rusia), que pretender con las nuevas tecnologías de la inteligencia artificial, la robótica, la biotecnología, la biomedicina, etc. “eternizar” la existencia vital de los humanos en la Tierra a través de la aplicación de dispositivos robóticos en el cerebro humano.

FUENTE CONSULTADA

http://noticias.perfil.com/2017/07/21/avances-cientificos-en-mantenimiento-preventivo-vivir-por-siempre/

 

NEUROSCIENCE & BIOLOGY

Jesus Fraga | junio 22, 2018 | 0

EXPLORANDO LA MENTE HUMANA, EL CEREBRO Y LA CONSCIENCIA DURANTE LA MUERTE: UN ESTUDIO PROSPECTIVO Y RETROSPECTIVO COMBINADO

Diciembre 2017 – Septiembre 2020

La cuestión de cómo la mente se relaciona con el cerebro ha fascinado a la humanidad por milenios. Mientras que algunos filósofos han propuesto que la mente sea de naturaleza «física» (monismo materialista), otros han argumentado que la mente es «no física» (dualismo idealista o monismo espiritualista) e interactúa con el cuerpo.

Gracias a los avances modernos a través de novedosas y vanguardistas técnicas cardioquirúrgicas en materia de resucitacion cardiopulmonar (CPR) para paro cardíaco (CA), millones de personas han proporcionado informes anecdóticos de procesos lúcidos de pensamiento con una base experiencial durante un estado de cercanía a la muerte (ECM) con una cualidad perceptual, cognitivo y sensorial totalmente amplificada, además de responder a un patrón universal, independientemente de cualquier factor cultural o demográfico y con una estructura interna completamente coherente durante un período en que tiene lugar un síndrome agudo de infarto de miocardio (CA). En los últimos años, la precisión de estos informes se ha visto respaldada por la evidencia de estudios científicos de casos y, más recientemente, estudios de CA (paros cardíacos) prospectivos a gran escala. La aparición de la conciencia en el momento de un paro cardíaco es altamente significativa, ya que los datos de estudios independientes de que la conciencia (ECMs) pueden ocurrir durante una parada cardiocirculatoria, pulmonar y electrocortical cerebral, representa evidencia tangible e insoslayable de que la mente o la consciencia pueden ser una entidad “científica” separada e independiente de los funciones corporales y cerebrales, aún no descubierta del cerebro y, por lo tanto, por la neurociencia moderna oficial. Nuestro centro (New York University School of Medicine), es uno de los pocos centros con un historial establecido de investigación en tiempo real no invasivo de monitorización de la reanimación cerebral durante un paro cardíaco, así como el estudio de la conciencia y la experiencia cognitiva-perceptual y mental durante una disfunción cardíaca.


Nuestra hipótesis es que, si bien existe una amplia gama subjetiva en cuanto a la experiencia o proceso humano de la muerte, la conciencia y / o la actividad mental y cognitiva se produce durante un estado de muerte clínica derivado de un paro cardíaco y se relaciona con recuerdos de eventos reales, de ahí que el cerebro puede ser un simple receptor de la consciencia, no el creador. Esto tiene tremendas, profundas e inimaginables implicaciones de alcance universal a la hora de probar la supervivencia de la consciencia a la muerte física.

Tenemos la intención de probar nuestras hipótesis a través de los siguientes objetivos específicos:

1) Establecer el espectro de la conciencia y la conciencia durante un paro cardíaco (CA) y la parálisis cardiocirculatoria como modelo de muerte por criterios cardiopulmonares.

2) Determinar la relación entre la conciencia consciente y / o los estados mentales y cognitivos durante una parada cardíaca o parálisis circulatoria, pulmonar y bioeléctrica cerebral con la calidad de la reanimación cerebral y los procesos fisiológicos y fisiopatológicos subyacentes.

Este estudio proporcionará datos científicos muy importantes que pueden conducir a un cambio importante en nuestra comprensión de la relación entre la mente y el cerebro y del misterio profundo de lo que nos ocurre realmente al morir.

Nota: Los resultados a los que alude este nuevo estudio, AWARE II, serán anunciados en una conferencia científica y médica internacional ante la Asociación Canadiense de Médicos de Urgencias (Canadian Association for Emergency of Physicians, CAEP) a finales del año 2020.

El Proyecto AWARE de Naciones Unidas

El 11 de septiembre de 2008 se realizó un simposio bajo el auspicio de Naciones Unidas (New York, USA) con el título de “Beyond the Mind-Body Problem: New Paradigms in the Science of Consciousness (Más allá del problema Mente-Cuerpo: Nuevos Paradigmas en la Ciencia de la Consciencia) con el fin de analizar las transformaciones que los nuevos paradigmas de la neurociencia moderna están produciendo tanto sobre las investigaciones de la mente humana como nuestra compresión de la consciencia y del yo.

Para ello, el doctor en medicina, cardiología y biología celular y molecular, Sam Parnia, presentó formalmente el denominado The Human Consciousness Project (Proyecto Conciencia Humana), un consorcio internacional de científicos y médicos con carácter multidisciplinar creado con el objeto de investigar, con las técnicas más vanguardistas y actuales, los procesos neuronales implicados en diferentes facetas de la consciencia humana, su naturaleza y su relación con el cerebro.

Dicho macroproyecto incluye el estudio AWARE (AWArness during REsuscitation Study, Estudio de la Consciencia durante la Resucitación). AWARE fue formalmente presentado como la primera investigación prospectiva a gran escala internacional para el estudio de la relación mente-cerebro durante el estado de muerte clínica en personas con paros cardíacos.

El programa AWARE fue dirigido por doctores Sam Parnia y Peter Fenwick, junto con los profesores Stephen Holgate y Robert Peveler (Universidad de Southampton, U.K.) y en el participaron una serie de universidades norteamericanas, así como 15 hospitales de EE.UU, Reino Unido y Austria. El proyecto fue promovido por la Universidad de Southampton (U.K.).

El estudio AWARE se convertiría en la primera investigación prospectiva a escala internacional en el campo de las experiencias cercanas a la muerte (ECMs). Por su objeto de estudio, fue la primera investigación científica de gran calado sobre habilidades perceptuales y cognitivas asociadas a paros cardíacos.

Dicho megaproyecto vino precedido por una fase piloto de año y medio de duración realizado en una serie de hospitales previamente seleccionados del Reino Unido para estudiar a un grupo de pacientes víctimas de paro cardíaco.

Según sus responsables, AWARE será de gran valor para la comunidad científica y médica internacional al contribuir a un mejor conocimiento de la mente, el cerebro y su interacción, así como el progreso de los cuidados médicos dispensados a pacientes con crisis cardíacas. El proyecto pretende arrojar luz racional sobre el fenómeno de las Experiencias Cercanas a la Muerte, de modo que AWARE podría tener profundas implicaciones a la hora de entender el proceso humano de la muerte y el misterio de lo que nos sucede al morir (Beyond The Mind-Body Problem, 2008). Una cuestión secularmente relegada al ámbito de las creencias religiosas y a la reflexión y al debate teórico-filosófico.

Objetivo primordial de AWARE: testear la existencia del alma

El objetivo principal de este descomunal, estratosférico y inaudito proyecto eran comprobar con un método científico consistente en marcadores objetivos (etiquetas), solo visibles desde el techo y ubicados en lugares estratégicos de los hospitales (en las UCI y quirófanos), las presuntas experiencias extracorpóreas a menudo informadas de manera clásica por personas que fueron rescatadas de las garras de la muerte mediante modernas técnicas de RCP. La primera fase del proyecto se prolongó durante 5 largos años. Sus resultados fueron anunciados en una conferencia internacional con sede en el American Heart Association a finales del 2014. Sus resultados también fueron publicados en una de las revistas científicas y académicas más prestigiosas del mundo, Resuscitation, después de someter dicho estudio a un arbitraje científico (peer-reviewed – revisión por pares). El estudio fue patrocinado por fundaciones sin ánimo de lucro, como la Nour Foundation, Horizon Research Foundation, IANDS y la Fundación John Templeton. Dicho estudio acaparó el interés de toda la prensa internacional, sobre todo de Occidente.

Resultados del programa AWARE

Del estudio se puede extraer los siguientes datos. Se tomó una muestra de 2.060 pacientes que sufrieron paros cardíacos. De ellos, un 39 % de los pacientes sobrevivieron al fallo cardíaco y el 61% restante no lograron completar las entrevistas porque fallecieron al poco tiempo de ser hospitalizados.

De ese 39 % que sí sobrevivió al paro cardíaco, pudieron someterse a entrevistas estructuradas, en la cual describieron una percepción de conciencia durante el evento, pero curiosamente no tenían ningún recuerdo explícito de los acontecimientos. Entre los que sí informaron de una percepción de conciencia concreta y completaron todas las entrevistas posteriormente, el 46% señaló haber experimentado una amplia gama de recuerdos mentales en relación con la muerte, no siempre compatibles con el término “ECM”, comúnmente utilizado en base a la Escala Greyson. Entre esas experiencias, había algunas de miedo y persecución. Solo un 9% de estos individuos contó experiencias compatibles con el término ECM en base a la Escala Greyson y un 2% compatibles con el concepto de “experiencias extracorpórea”, con recuerdos explícitos de “haber visto” y “escuchado” los acontecimientos que les rodeaban mientras estaban clínicamente muertos.

 
Uno de estos últimos casos fue validado mediante la utilización de estímulos auditivos durante el paro cardíaco. Además, los recuerdos detallados de percepción visual que contaron los pacientes fueron consistentes, según verificaciones realizadas, con los eventos acaecidos en realidad. 

Un dato curioso que comenta el Dr. Parnia es que, en todos estos pacientes, la conciencia pareció darse durante un período de tres minutos tras la pérdida de latido del músculo cardíaco, a pesar de que se considera que el cerebro deja normalmente de funcionar tras 20 ó 30 segundos de haberse producido la parada cardíaca, y de que no se reactiva de nuevo hasta que el corazón se ha puesto otra vez en marcha. 

Datos sobre los pacientes que experimentaron ECM en base a la Escala Greyson

De los 440 pacientes que sobrevivieron al fallo cardíaco, después de realizarse las entrevistas, reveló que 46 pacientes recordaron algún tipo de experiencia; 22 relataron haber sentido sensación de paz; 7 afirmaron haber entrado en una realidad espiritual; 8 se encontraron con seres espirituales o presencias; y 3 con personas que habían fallecido. Lo más sorprendente fue que dos disfrutaron de completa conciencia, pudiendo ver y oír lo que sucedía alrededor, lo cual es teóricamente imposible porque su cerebro no estaba funcionando.

De estas dos personas, una no pudo continuar participando en la investigación debido a la gravedad de su enfermedad. La otra persona, de 57 años de edad, describió con precisión lo que ocurría a su alrededor desde un punto de vista situado en una de las esquinas del techo. Describió las personas, lo que hacían y los sonidos que se podían escuchar, como los pitidos de la máquina que lo monitorizaba y que precisamente mostraba su estado de ausencia de actividad bioeléctrica cerebral. Los apuntes médicos corroboraron sus descripciones, como el uso de un desfibrilador externo automático. Los investigadores han podido comprobar que el paciente pudo ver y oír durante tres minutos, a pesar de que estaba en plena parada cardíaca y su cerebro no estaba funcionando (deja de hacerlo en cuestión de segundos tras una parada del corazón).

Los autores escriben que este hecho resulta “intrigante” y apoya lo descubierto por otros estudios prospectivos en relación a la supervivencia de la conciencia, a pesar de que resulte clínicamente indetectable. Este tipo de conciencia sería diferente de la que se conserva durante la anestesia, pues en esta puede detectarse una actividad bioeléctrica cerebral a través de mediciones con el EEG. En el caso de la parada cardíaca, el electroencefalograma es plano y no llega sangre suficiente al cerebro para mantener sus requerimientos metabólicos. Tampoco podría explicarse la continuación de la conciencia por algún tipo de actividad cerebral profunda, dado que se da una pérdida de actividad desde el tallo cerebral. Sin embargo, los pacientes relataron una experiencia real e intensa con las características que la ciencia solo se atribuye a la corteza cerebral (electrocortical) que, insistimos, deja de funcionar.

El Dr. Sam Parnia y sus colaboradores consideran que la existencia de “conciencia visual” y “percepción verídica” durante un tiempo significativo tras la parada cardíaca han quedado probadas con el mencionado caso, a pesar de que no puedan explicarse con los actuales conocimientos científicos. 

La experiencia extracorpórea bajo la lupa de la ciencia oficial

Uno de los objetivos primordiales del estudio AWARE era comprobar científicamente la validez de las EECs de las experiencias cercanas a la muerte aplicando para ello unos dispositivos consistentes en marcadores objetivos o blancos visibles (etiquetas ubicadas en estanterías en las unidades de cuidados intensivos y críticos y en los quirófanos), sólo perceptibles desde el techo. Desafortunadamente, este estudio no arrojó resultados alentadores o favorables. Es más, ninguno de los que experimentaron el elemento EEC visualizó las muestras de control (etiquetas) de la cual era objeto de estudio. Estos resultados negativos fueron ampliamente discutidos por la comunidad científica. Las razones por las cuales ningún paciente que sobrevivió a paro cardíaco visualizó las muestras de control para lo cual se intentaba otorgar validez científica a las experiencias extracorpóreas (EECs) fueron las siguientes:

1. No se esperaba una tasa muy elevada de pacientes que, tras el fallo cardíaco, acabarían falleciendo. De hecho, de la muestra tomada, de los 2060 pacientes con crisis cardíacas, más del 60 % de los sujetos acabaron falleciendo, sin poder pasar ninguna de las entrevistas.

2. De los que sobrevivieron, una tasa muy reducida (9%) experimentó una ECM compatible con la Escala Greyson.

3. Solo un 2 % de los que experimentaron ECM en base a la Escala Greyson experimentaron una EEC.

4.. Hubo errores tácticos, metodológicos y protocolarios en el diseño del experimento. De hecho, las etiquetas fueron instaladas en zonas en donde hubo fuga de información, es decir, en zonas en donde no era viable que los sujetos que experimentaron la EEC pudieran visualizar las etiquetas, ya que estaban mal situadas.

Con todo esto, sería más que previsible que nadie de los que experimentaron una ECM con el componente EEC visualizara las muestras de control. Por lo tanto, no es que el fenómeno de la EEC no sea real o no tenga ninguna validez objetiva, que sí lo tiene realmente, como se ha informado de manera reiterada por los profesionales de la medicina y de la salud que se dedican al estudio de este tema, sino que hubo fallos en el diseño del estudio, en la metodología aplicada y los protocolos científicos a la hora de validar objetiva, empírica y científicamente las EECs. No se realizó con garantías dicho estudio, sino que hubo errores de bulto que conspiraron o incidieron de forma decisiva para que el proyecto no diera resultados alentadores.

Comunicado oficial del IANDS en relación a los resultados del estudio AWARE

La Dra. Janice Holden se pronunció en boca del IANDS, el máximo organismo oficial a nivel internacional en el estudio de las experiencias cercanas a la muerte, para dar sus impresiones personales respecto a los resultados de AWARE. Hizo una serie de disertaciones en varias conferencias mundiales para aclarar las razones por las cuales este megaestudio no llegó a buen puerto. Esgrimió las siguientes razones, de las cuales esgrimiré por mi parte algunas más:

El hecho de que nadie de los sujetos objeto de estudio fuese capaz de visualizar o identificar las etiquetas tras el fallo cardíaco puede deberse a una cuestión puramente deductiva o predecible: Cuando un paciente abandona durante la muerte clínica su cuerpo se produce un fuerte estado shock que hace que toda la atención del paciente esté totalmente focalizada en las maniobras de resucitación cardiopulmonar realizadas por los médicos en su propio cuerpo físico inerte temporalmente, de modo que la percepción de otro tipo de hechos, eventos u objetos carecerían de total relevancia. Más bien sería una percepción anecdótica. En este sentido, es comprensible que nadie se fije en un objeto inanimado (un florero, un reloj de pared, una estantería en el quirófano, etc.) de modo que no pudieron visualizar e identificar las etiquetas, sino que más bien toda la atención estaría únicamente focalizada en las maniobras de RCP en donde la vida del sujeto pendía de un hilo. Además, según el Dr. Sam Parnia, durante un paro cardíaco los circuitos de memoria quedan totalmente bloqueados, por lo que se pierde el recuerdo de las ECMs por lesiones cerebrales originados por el fallo orgánico o por la suministración de sedantes muy utilizados durante la reanimación. Además, muy probablemente, los sujetos han desarrollado una especie de memoria selectiva de hechos realmente impactantes y verdaderamente importantes para el propio sujeto, como presenciar los intentos desesperados de los sanitarios de reanimar su cuerpo físico tendido en la camilla del quirófano. Además, en las ECMs no siempre se produce visión de 360 grados, sino 180 grados, por lo cual es razonable que ninguno de los sujetos estudiados que sufrieron fallo cardíaco pudo visualizar las muestras de control (etiquetas). Además, debemos tener en cuenta que hubo errores tácticos en el diseño del experimento, como la colocación de etiquetas en lugares en donde hubo fuga de información, es decir, en lugares totalmente equivocados de los hospitales en donde el potencial EEC no podría ser evocado. Si tenemos en cuenta todos estos factores, además de que solo el 2 % de la muestra original objeto de control (unos 2060 pacientes sometidos a estudio) experimentó el componente EEC, hace que los resultados negativos estén más que servidos. Por lo tanto, teniendo en cuenta todos eses factores, es perfectamente comprensible, si somos sensatamente razonables, que ninguno de los sujetos sometidos a este importante estudio lograra visualizar, describir o identificar las etiquetas para lo cual se intentaba dar validez científica, objetiva y empírica de las experiencias extracorpóreas relatadas en las ECMs.

Algunas consideraciones científicas y epistemológicas a tener en cuenta para la validación científica de las EECs.

Debido a que los resultados del proyecto AWARE para la validación de las EECs no fueron satisfactorios y favorables, creo pertinente la implementación de nuevas técnicas científicas y metodológicas para validar objetiva y empíricamente dicho fenómeno. Creo que es necesario la inversión de más recursos, capital, más logística, más hospitales, más medios técnicos y humanos, tecnología más avanzada y acorde, más inversión de tiempo, al igual que una muestra más grande de pacientes objeto de estudio. Todo ese trabajo tiene que ser totalmente coordinado para garantizar que el proyecto llegue a buen puerto. En mi modesta opinión, creo que se alcanzarán resultados satisfactorios, fiables e inmediatos si se parte de la aplicación de la siguiente tecnología puesta a punto en zonas estratégicas de los hospitales:

1. Instalación de Unidades de Videograbación en las unidades de urgencias, cuidados críticos y quirófanos de los hospitales

2. Instalación de sonómetros

3. Instalación de Proyectores de Luz Holográfica Tridimensional Animada (3-D Holographic Animated Display Systems)

4. Aplicación de Sistemas de Luz Láser DMX proyectada en los quirófanos, UVIs o UCIs.

5. Instalación de Cámaras Kirlian

6. Instalación de Sistemas Informáticos o Tablets LCD que generen imágenes aleatorias al azar en los quirófanos.

7. Instalación de Cámaras Fotográficas con Disparador Remoto

8. Cámaras Cuánticas de Videograbación

9. Fotodetectores Cuánticos de Imagen Infrarroja HD (QWIP)

10. Etc.

Creo que la aplicación de todas o algunas de estas infraestructuras o técnicas, en mi opinión “infalibles”, en los hospitales sí que ofrecerían resultados satisfactorios a la hora de validar científica, objetiva y empíricamente la EEC, o lo que es lo mismo, la existencia del alma humana. Creo que esta tecnología sería acorde a la naturaleza de lo que se quiere probar e investigar. Sobre todo algo tan escurridizo como testear científicamente la existencia del alma, pero creo que con tiempo, infraestructuras, con apoyo gubernamental mediante inversión en I + D +i en este campo, con recursos, logística, medios humanos y tecnología punta apropiada se llegará en un futuro no muy lejano a buen puerto.

FUENTE CONSULTADA

 

 

 

 

 

 

 

 

Exploring Human Mind, Brain and Consciousness During Death: A Combined Prospective and Retrospective Study

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DUCUMENTAL SÍNDONE DE TURÍN

SOBRE EL AUTOR

Técnico Auxiliar en Administración y Gestión de Empresas por el Módulo Profesional de nivel II en el I.E.S. de Allariz (Ourense)

Técnico Especialista en Administrativo por el I.E.S. de “A Carballeira” (Ourense)

Diplomado en Relaciones Laborales (Universidad de Vigo)

Master en Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología (Universidad de Salamanca)

Ocupación Profesional: Banca, Seguros, Sondeos, Publicidad, Forestal, Hostelería, Turismo, etc.

Libros publicados:

Memorias de un romántico en la capital londinense (Editorial Lulu Enterprises Inc.)

Tendencias del Tercer Milenio (Editorial Bubok)

Antología sobre Ciencia y Espiritualidad (Ediciones Tagus)

La Última Frontera de la Ciencia -Ciencia de la Experiencia Cercana a la Muerte – (Ediciones Tagus)

El Paradigma Científico y Neocultural de la Inmortalidad -Sábana Santa de Turín – (Rakuten Kobo Inc.)

Las Experiencias Cercanas a la Muerte: Un enfoque científico y académico interdisciplinar – (Rakuten Kobo Inc.)

Dios y la Teoría del Todo – Una Tesis Periodística, Científica y Académica que Cuestiona la Teoría de la Evolución Neodarwinista – (Editorial Académica Española)

Dios en el centro de todo (Editorial Artgerüst)

 

 

 

 

 

EL ARTE DE MORIR (DR. PETER FENWICK)

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